—¿Estás contenta? —pregunta a pesar de que es bastante evidente que estoy que no quepo en mí de la dicha.
—Estoy loca de alegría. —Hundo los dedos en su pelo y le doy mi característico tironcito.
—Entonces, mi misión aquí ha terminado. —Acerca la boca a mi cuello y me lo muerde suavemente antes de despegarse de mi cuerpo—. Voy a traer las maletas.
—Te ayudo —digo sin pensar, siguiéndolo hasta la parte trasera del vehículo. Me detengo al instante en cuanto se gira y me mira con cara de advertenc