No estoy dormida, pero abro los ojos al notar un montón de baches, y el coche empieza a dar trompicones. Miro la carretera que tenemos delante y lo primero que me llama la atención es su terrible estado de conservación. Hay escombros por toda la superficie repleta de grietas, y Nick empieza a conducir el preciado coche con sumo cuidado. Jamás lo había visto conducir con tanta cautela, pero es bastante evidente que si lo hiciese algo más de prisa, acabaríamos volcando.
—¿Dónde estamos? —pregunto