Capítulo 369

—Feliz como una perdiz. ¿Y tú? —Erick parece estar muriéndose de la curiosidad, y ahora que he apartado la vista de la cajita, recuerdo cuándo nos vimos por última vez.

—Muy bien. —No saco el tema, y en su cara aparece una sonrisa picarona.

—No me canso de decirlo: ¡ese hombre está muy sexy cuando se enfada! —dice al tiempo que se abanica con un posavasos—. ¡De infarto!

Doy un respingo y miro de nuevo la cajita. ¿Qué me habrá comprado?

—¿Quién ha traído esto? —pregunto, levantándola.

—La chica
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