—Ay, Dios mío —exclamo a través del nudo del tamaño de un melón que se me ha formado en la garganta.
Me giro lentamente en dirección a la mesa y veo que todos nuestros invitados observan atentamente. Mi tía se ha llevado la mano a la boca, y mi tío tiene una pequeña sonrisa en los labios. Dan permanece inexpresivo, y Lucas y Derek están relajados en sus sillas, ambos sonriendo.
Mi corazón empieza a latir a gran velocidad y me giro otra vez hacia Nick, con los ojos vidriosos. Acaba de co