Me acerco a la puerta, donde cuelga mi vestido, y admiro el intrincado encaje, mucho encaje, y las explosiones de diminutas perlas cosidas aquí y allá. Sonrío. Se le va a cortar la respiración. Es un vestido de novia muy sencillo, con tirantes delicados, la espalda escotada y la cintura ceñida. Mi señor va a caer rendido de rodillas.
Elegancia sencilla.
El encaje de color marfil se desliza por mi trasero, abraza mis caderas y cubre un metro de suelo. Mucho, mucho encaje. Zoe, la dependien