—Pues vuelve a ducharte conmigo.
—Subiré dentro de un minuto. Tengo que llamar a Lucas. —Me aparto de él y me dirijo a la cocina—. ¿Y mi teléfono?
—Cargándose. ¡No tardes! —me grita.
Encuentro el móvil y llamo a Lucas.
—¿Sí? —responde con voz ronca al otro lado de la línea. Parece resacoso.
—Hola. ¿Te encuentras mal? —pregunto.
—No, cansada. ¿Qué hora es?
Miro el reloj del horno.
—Las once.
—¡Mierda! —exclama, y oigo ruidos de fondo—. Samanta, vistete. ¡Llego tarde! ¡Addison, debería e