Al instante disminuye la presión contra la puerta y me mira a través del cristal con aire de preocupación.
—¿Tú qué crees que voy a hacer?
—No lo sé —miento. Sé perfectamente lo que va a hacer. Va a echarme un polvo para hacerme entrar en razón.
Las manos pegadas a la puerta evitan que me lleve los dedos al pelo. Su inquietud parece aumentar y la presión disminuye aún más. Aprovechando la situación, cierro la puerta y corro el pestillo.
Se queda con la boca abierta.
—No me puedo cre