Me encuentro cara a cara con aquella chica rubia que se lanzó sobre Nick, el día que salí del hotel.
Ella me sonríe, pero es el gesto menos sincero que jamás haya tenido el placer de recibir.
—Hola —contesto por educación.
Tomás viene corriendo, con el pánico reflejado en el rostro y agitando el trapo en el aire.
—¡Señorita Lily! ¡No, por favor! ¡No hablen!
¡¿Qué?
—¡Vamos Tomás! No soy idiota. —Ella le dedica una mirada acusadora.
Tomás se resigna y se aleja sin quitarle la vista de encima. No e