—Lo siento. —Se guarda el espray en el delantal y me toma las manos entre los dedos arrugados y morenos—. El señor White no dijo que usted iba a venir.
Me muevo con nerviosismo al ver el pánico que invade a la mujer y lanzo a Lucas una mirada de enfado, pero no se da cuenta. Está muy ocupado curioseando la colosal habitación. Sonrío para tranquilizar a la limpiadora española, a la que nuestra presencia ha puesto en un compromiso.
—No pasa nada —le aseguro. Me hace otra reverencia y se apa