CAPÍTULO 40

HASSAN AL-ÁSAD

Contemplaba a mi mujer dormir; eso era ahora, era mi mujer en todo el sentido de la palabra; ella era mía ahora.

La observaba dormir, contemplando y adorando la imagen que tenía frente a mí; ella simplemente era perfecta. Ante mis ojos era la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto, y lo que jodidamente me encantaba era que era completamente mía.

No pude evitar decirle que la amaba, fue tan espontáneo decirlo que me salió de lo más profundo del alma; la amaba y ahora ella lo
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