CAPÍTULO 41
HASSAN AL-ÁSAD

Ella me mira y abre los ojos grandemente al observar cómo dejó caer la toalla a mis pies.

—Mírame bien, madre, mira que en mi cuerpo hay rastro de la pureza de mi mujer. —Era cierto; en mi cuerpo aún se encontraban pequeños rastros de sangre que eran demasiado visibles.

Me di la vuelta para que todos sean espectadores de la maldita Dalil; la Dalil querían, la Dalil les daba solo que a mi modo.

Me di la vuelta para encarar a mi madre y esta me miraba sin poder creer lo qu
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