HASSAN AL-ÁSAD
Ella me mira y abre los ojos grandemente al observar cómo dejó caer la toalla a mis pies.
—Mírame bien, madre, mira que en mi cuerpo hay rastro de la pureza de mi mujer. —Era cierto; en mi cuerpo aún se encontraban pequeños rastros de sangre que eran demasiado visibles.
Me di la vuelta para que todos sean espectadores de la maldita Dalil; la Dalil querían, la Dalil les daba solo que a mi modo.
Me di la vuelta para encarar a mi madre y esta me miraba sin poder creer lo qu