Mundo ficciónIniciar sesiónSe casaron siendo jóvenes y profundamente enamorados, pero cuando el éxito cambió la vida de él, creyó que divorciarse era la única forma de proteger a la mujer que amaba. Ella aceptó... sin decirle que estaba embarazada. Cuatro años después, la enfermedad de su hijo y una tarjeta de crédito olvidada vuelven a cruzar sus caminos. Él descubre que es padre y está dispuesto a luchar por la custodia del niño. Sin embargo, el destino tiene otros planes cuando ambos terminan viviendo bajo el mismo techo. Entre secretos, reproches y heridas que nunca sanaron, descubrirán que el amor que una vez los unió quizá nunca desapareció... y que algunas familias merecen una segunda oportunidad.
Leer másZACKEl hospital privado donde suelen atender a mi familia y a mí, aparece frente a mí. Las ruedas del coche chillan sobre el asfalto mientras mi corazón tamborillea en mi pecho con una rapidez que me impresiona.Volteo a ver a Dawn. Está agotada, se nota en sus ojos el dolor que carga que es aún más grande que el cansancio que denotan sus ojos, pero ahora no es lo importante sino el niño que carga en sus brazos.—Ahora te abro—digo, saliendo por mi lado.Rodeo el coche. La oscuridad de la noche es lo único que nos abraza y al parecer somos las únicas personas que salen a estas horas.Abro la puerta de Dawn. El niño está rendido en sus brazos, ella luce temerosa de mí, quizás, o de la situación, pero al menos es lo suficientemente valiente como para salir del coche sin hacer ningna clase de berrinche.—Pediré una camilla. Lo atenderán rápido—le digo, acompañando su paso.—De acuerdo.Es todo lo que dice.Apenas entramos por la sala de urgencias, pido una camilla a gritos. Dos enfermer
DAWNNo sé qué hacer.No sé cómo respirar.No sé cómo moverme.Después de cuatro años, Zack Wellington está frente a mí otra vez y siento exactamente lo mismo que la primera vez que lo veo en la universidad. La única diferencia es que ahora también siento miedo. Uno insoportable porque Noah está entre nosotros.Mi hijo duerme sobre mi pecho con la respiración pesada por la fiebre mientras yo permanezco inmóvil en aquella incómoda silla del hospital, incapaz de apartar la vista del hombre frente a mí.Dios.El maldito se ve igual.Tal vez peor.Más grande. Más serio. Más cansado.Tiene el cabello oscuro desordenado como si hubiera salido corriendo de algún lugar, con gotas de lluvia que todavía resbalan por el cuello de su abrigo negro. Sus ojos verdes están completamente clavados en Noah.En nuestro hijo.Y el dolor que veo en su rostro me golpea de forma brutal. No... esto no puede estar pasando.El primer pensamiento que tengo es levantarme y huir, desaparecer antes de que haga preg
ZACKNo logro dormir desde hace semanas. Tal vez meses.El reloj marca las dos y cuarenta y siete de la madrugada mientras observo las luces de Manhattan desde las ventanas de mi despacho. La ciudad nunca descansa y yo tampoco.Documentos financieros cubren mi escritorio de nogal. Hay una copa de whisky intacta junto a mi computadora y tres llamadas perdidas de una mujer cuyo nombre apenas recuerdo.Nada de eso importa. Nunca importa realmente.Me aflojo la corbata con fastidio y vuelvo a revisar el contrato frente a mí, aunque llevo diez minutos leyendo la misma línea sin comprender una sola palabra.Estoy cansado.Vacío.Condenado a vivir así.El teléfono privado sobre mi escritorio vibra de repente. Con el ceño fruncido me acerco. Pocas personas tienen este número. Tomo el celular sin demasiado interés.—¿Qué sucede?—Señor Wellington—dice la voz de Miles, uno de los hombres de mi equipo de finanzas—. Disculpe la hora. Necesitamos confirmar primero si desea recibir información rela
La lluvia golpea las ventanas de mi pequeño apartamento con una insistencia casi cruel. El sonido llena cada rincón vacío mientras yo permanezco sentada en el suelo de la cocina, con las piernas dobladas contra el pecho y las lágrimas corriendo por mi rostro.No enciendo las luces. Prefiero estar en la oscuridad porque así parezco menos miserable, o eso es lo que quiero creer.Mi cabeza no deja de pensar. El alquiler vence en tres días. Tengo facturas acumuladas sobre la mesa y una heladería casi vacía. Mi computadora parpadea frente a mí con la pantalla abierta en el correo electrónico del banco, recordándome el saldo ridículo de mi cuenta.Cierro los ojos con fuerza.Hace cuatro años jamás imaginé terminar así. Hace cuatro años atrás todavía era Dawn Wellington. Ahora soy solo Dawn Clark otra vez... aunque el apellido de soltera ya no se siente mío tampoco.Exhalo despacio limpiando mi rostro. Mi estómago ruge de hambre, sin embargo la poca comida que queda en la heladera debe ser r
Último capítulo