HASSAN AL-ÁSAD
Tomo una de sus piernas y la subo sobre mi hombro y me entierro con rudeza en su apretado y empapado coño.
—Aaaaah —deja escapar un gemido con sabor a dolor, su espalda se arquea y unas lágrimas resbalan por sus mejillas.
Sus uñas se entierran en mis hombros al sentir cómo mis embestidas son descontroladas y con rudeza; mi miembro se entierra con salvajismo entre su coño y ya no soy capaz de razonar, solo de sentir.
Me apoderé nuevamente de sus labios, pero ahora lo hago de una