JADE AL-QALA
Esperé horas. Caminé de un lado a otro por el porche, mordiéndome las uñas, con el alma en vilo y el miedo creciendo más con cada minuto que pasaba. Cuando por fin escuché sus pasos lentos en el pasillo, levanté la cabeza de golpe y salí a su encuentro, con el corazón latiéndome tan fuerte que sentía que se me saldría del pecho.
Al verme, Hassan se detuvo de repente. Sus ojos se posaron en mí y supe que ya lo sabía: vio mi rostro pálido como la cera, mis ojos desorbitados por la a