Mundo ficciónIniciar sesiónJade, una chica con un corazón rebelde e inquebrantable, se verá obligada a casarse con un hombre al que no ama, a un hombre al que no conoce. Donde su padre solo ve una mina de oro, ella solo ve una vida de dolor y sufrimiento. Lo único que ella soñaba en la vida era poder escapar, huir, huir a donde ella pueda decidir sobre sí misma, donde ella pueda elegir a quién amar. Pero es algo imposible para ella; su religión, sus creencias se lo prohíben. Hassan al-Ásad, un hombre frío, calculador y sobre todo muy machista, él se verá envuelto en un torbellino de emociones al conocer a Jade, una chica de su misma religión, de sus mismas creencias. Hassan es un hombre al que le gusta tener el control de todo y su futura esposa no será la excepción, pero hay un pequeño problema: su esposa no es la típica chica obediente a la que pueda manejar y eso lo sacará de su zona de confort, haciendo que en el proceso sentimientos por su pequeña esposa rebelde se instalen en su corazón. ¿Podrá Hassan lograr conquistar a su pequeña y rebelde futura esposa? Y estará dispuesto a dejar todo... por amor
Leer másJADE AL-QALA
Estoy sentada en el enorme jardín de nuestra casa. Levanto mi rostro para que el viento golpee mi cara. Seco una lágrima rebelde que baja por mi mejilla. He tenido de nuevo una discusión con mi padre, pero eso ya no es de extrañar; siempre lo mismo. Tengo que casarme para que esta maldita fachada de familia rica siga en pie. ¡Por Allah!, ¿acaso yo tengo que sacrificarme por todos? No, no lo haré, me niego rotundamente. Ya lo imagino: casada con un hombre que prácticamente sería de la edad de mi padre. ¡No!, no, eso es una estupidez y algo asqueroso. Definitivamente me niego. No importa si mi padre me mata a golpes; jamás me casaré con alguien a quien no amo. Me pongo de pie y suspiro resignada, pues sé perfectamente que al solo dar un paso dentro de esa casa, mi padre seguirá con lo mismo. Estoy por darme la vuelta cuando escucho que alguien me llama. —Jade. Cuando me doy la vuelta, puedo ver el rostro cansado y preocupado de mi madre. Solo ella me preocupa. Sé que si me niego a hacer lo que mi padre desea, ella pagará las consecuencias. Y justo en este momento siento como un maldito déjà vu; lo mismo sucedió con mi hermana, así que empiezo a negar. —No, madre, lo lamento. No te quiero escuchar. Te amo demasiado, pero no puedo. —No me lo pidas, por favor —suplico. Ella se acerca a mí y me toma por los hombros. —Jade, escúchame. Para este momento, mis lágrimas empiezan a bajar como cascadas por mis mejillas. Ella trata de limpiarlas y yo me alejo. —Madre, ¿por qué mejor no me escuchas a mí?, ¿por qué no te pones en mi lugar y tratas de entenderme?, ¿por qué siempre apoyas a mi padre en todo lo que decide? Date cuenta, yo también quiero amar y ser amada, pero por el hombre que yo escoja, no por el hombre que me impongan. Ella me sonríe y toma mi rostro entre sus manos. —Hija, yo pasé lo mismo con mi esposo y, gracias a Allah, él es bueno. Estoy segura de que el hombre que tu padre escoja para ti será bueno, te amará y, lo más importante, proveerá a esta familia como debe ser. Yo sonreí sarcásticamente. Claro, proveerá a esta familia como debe ser, y yo, ¿dónde quedan mis sentimientos? A ellos eso no les importa, y si así va a ser, a mí tampoco me importará lo que piensen. Tomo una respiración profunda y niego. —Sabes, madre, haz lo que creas conveniente. Ya no me opondré. Solo una cosa te voy a decir: si algo me sucede o si el resto de mi vida soy infeliz, tú y mi padre serán los únicos responsables. Ella me mira sorprendida porque jamás le había hablado de esa manera. Siempre los he respetado, pero ya estoy cansada. Me doy la vuelta y empiezo a correr dentro de la casa. Mi madre me grita para que me detenga, pero no lo hago. —Jade, Jade, hija, tienes que entender. Espera, hija, tu padre... Ni siquiera escucho qué desea mi padre, pero pronto lo sabré, pues está de pie en la sala, con los brazos cruzados, muy molesto. Cuando me mira de esa manera, como si me odiara, de inmediato me detengo. Él niega y yo juego con mis manos, con miedo. —¿Por qué no obedeces a tu madre, jovencita? Escucho hasta acá los gritos donde te está llamando. ¿Qué pretendes, ser castigada por enésima vez? Juro por Dios que trato de no voltear los ojos de fastidio. Sí, ya estoy cansada de todo eso, así que simplemente suspiro y le sonrío. —Ya hablé con mi madre lo que tenía que hablar, así que dígame qué desea, padre. Estoy un poco cansada; quiero ir a mi habitación. ¿Podría? Él se da cuenta de mi tono de voz, así que da dos pasos hacia mí y levanta la mano a punto de golpearme, pero mi madre grita: —No, Malik, Jade ya aceptó. Y sabes perfectamente lo que significa, así que ve ahora y habla con ese hombre. Dile que nuestra hija está dispuesta a casarse con él. Yo solo agacho la cabeza y cierro los ojos. Mis lágrimas empiezan a bajar por mis mejillas, mientras que mi padre, gustoso, se da la vuelta y se marcha sin decir una palabra más. Yo volteo a ver a mi madre, y le sonrío. Creo que ella también se da cuenta de mi dolor, pues sin decir nada se marcha. Yo respiro profundo. Quisiera salir corriendo de esta casa, quisiera no volver a ver a esta familia, pero si lo hago, el día que me encuentren son capaces de matarme. Así que simplemente voy hacia mi habitación y me tiro en la cama para que nadie escuche mi llanto. Escucho que tocan a la puerta un poco fuerte. Me levanto desorientada; creo que de tanto llorar ni siquiera me di cuenta de cuándo me quedé dormida. Vuelven a tocar y escucho que Leila susurra: —Hermana, ¿estás despierta? Necesito hablar contigo, ábreme, por favor. Yo suspiro y, de inmediato, me pongo de pie, abro la puerta y ahí está ella. Su rostro de preocupación no pasa desapercibido. Yo frunzo el ceño, confundida, y ella de inmediato entra y cierra la puerta con llave. Yo me cruzo de brazos y la miro con una ceja alzada. —¿Qué sucede, Leila? ¿Por qué estás tan nerviosa? Ella empieza a caminar de un lado a otro, apretando sus manos. Veo sus ojos a punto de derramar lágrimas y, de pronto, me abraza. —Lo siento, Jade, lo lamento de verdad. No quiero ese destino para ti también, pero estoy segura de que pasarás por lo mismo. No lo dejes, Jade. No dejes que te comprometa con ese hombre. Yo la tomo por los hombros y la alejo de mí para que me explique de qué está hablando. —Leila, no todas tendremos el mismo destino. Si tú encuentras un hombre que te ame, verás que serás feliz. Pero, ¿de qué hombre estás hablando? ¿Por qué te pones así? Y en ese momento, sus lágrimas empiezan a bajar por sus mejillas. —Del hombre que ha llegado con mi padre. Él ha pedido una cena especial, pues será tu futuro esposo, Jade. Por Allah, podría ser nuestro abuelo; es aún más grande que nuestro padre. Necesitas rechazarlo, no puedes aceptar. Habla con nuestro padre, él tiene que entender. Yo abro los ojos, sorprendida. No, no puede ser posible. Estoy por contestarle cuando escucho que toca a la puerta mi madre. —Jade, estoy buscando a Leila. ¿Ella está aquí?, Jade. Yo volteo a ver a Leila, que niega, así que suspiro y le respondo a mi madre. —No, madre, no está aquí. Puede estar en el jardín, pero no te preocupes, ahora mismo yo voy a buscarla. ¿Necesitas algo más? Ella guarda silencio por un momento y se escucha como suspira. —Sí, hija. Necesito que te arregles lo más hermosa posible. Tu padre va a dar una noticia en la cena. Por favor, no tardes; hay un invitado especial. Yo trago el nudo que se ha formado en mi garganta y le respondo: —No te preocupes, ahora mismo busco a Leila y empiezo a arreglarme. Bajaré pronto, madre. Estoy segura de que ella se marcha, pues puedo escuchar sus pasos. Volteo a ver a Leila y, sin decir nada más, voy hacia el vestidor, tomo una pequeña maleta y empiezo a llenarla de ropa, solo la necesaria. Cuando Leila ve lo que hago, trata de impedirlo, pero yo no se lo permito y sigo haciendo la maleta lo más rápido posible. No me voy a quedar aquí para que me casen con un anciano; definitivamente prefiero la muerte y la deshonra antes que eso, no puedo permitir que un viejo rabo verde me toque.HASSAN AL-ÁSAD Bailamos por demasiado tiempo hasta que observo que ella ya está cansada, y si seguimos bailando, ya no podré darle la sorpresa que tengo para ella. —Vamos, Rohi —susurro tomándola de la mano y sentándonos en la mesa que está perfectamente arreglada para nosotros. En la mesa se encuentra un enorme banquete que fue especialmente preparado para nosotros y los invitados. —No tengo apetito —susurra mi chiquilla. —¿No quieres comer algo, Rohi? —pregunto y ella niega, y observo cómo ve los dulces y una sonrisa se dibuja en mi rostro; sin duda alguna, aún sigue siendo una chiquilla. —¿Podría comer algún dulce? —pregunta ilusionada. —Lo que tú desees, Rohi, recuerda que siempre respetaré tu decisión y tu palabra —respondo y observo cómo ella me sonríe dulcemente. La observo y ella intenta servir su propio postre y el chico que está encargado de servirnos se lo impide. Le lanzo una mirada al chico y este baja rápidamente la mirada, susurrando un lo siento. Observo a mi
HASSAN AL-ÁSADPasan los segundos; el Imán vuelve a preguntar.—Señorita al-Qala, le vuelvo a preguntar, ¿acepta como su esposo y su rey a Hassan al-Ásad para amarlo y respetarlo bajo la palabra y la ley de Allah? —Cuando pienso que ya no aceptará, escucho su vocecita.—Acepto. —Ella me mira a los ojos y aprieta mis manos—. Acepto ser tu esposa, Hassan al-Ásad, acepto amarte y respetarte cada día de mi vida, siempre y cuando tú me ames y me respetes como a tu igual; nunca esperaré menos de ti. Si tú prometes amarme y respetarme con todo tu corazón —toca mi pecho—, yo prometo no solo ser tu esposa, también prometo ser tu amiga, tu fiel compañera, ser tu soporte en tus momentos difíciles y, cuando ya no tengas fuerzas para seguir adelante, prometo darte las mías. Si es necesario, prometo arrancarme el corazón y dártelo a ti. —Trago saliva al escuchar cada palabra que sale de su boca—. Así que sí, Hassan, sí quiero ser tu esposa, quiero amarte hoy y siempre —susurra. La tomo del rostro
HASSAN AL-ÁSAD Respiro inhalando profundamente, espero unos segundos y luego saco el aire, como expulsando todos los pensamientos malos que ahora están en mi cabeza, así que sin esperar más salgo de la habitación con Zayn caminando a mi lado. Tardamos algunos minutos en llegar porque donde se llevara a cabo el Nikah *Ceremonia religiosa y legal que formaliza la unión entre un hombre y una mujer bajo la ley de Dios*, es en la Mezquita *Lugar de culto para los arabes, donde se reúnen para rezar y realizar ceremonias religiosas* del palacio. Al llegar, ya estaban todos los invitados reunidos; se encontraba el Imán *líder religioso*, quien es quien oficiaría la boda, y los dos testigos, el padre de mi chiquilla y, bueno, ya que estaba Zyan aquí, que sirviera para algo su inoportuna visita; además, me lo debía, así que él sería el segundo testigo. Entramos a la mezquita y todos, al verme, hicieron una reverencia; asentí con la cabeza a modo de respuesta. Los minutos pasaban y mi ansieda
HASSAN AL-ÁSADMire por última vez mi reflejo en el espejo; vestía un traje en color negro hecho a la medida. Sé que debería vestir el Thobe *Túnica hasta los tobillos, con mangas largas*, que es lo tradicional, pero me gustaba más vestir con trajes; me sentía mucho más cómodo. Al finalizar, coloqué mi Turbante *Tocado tradicional hecho al enrollar una larga tira de tela*, porque la ocasión lo ameritaba; quería que mi chiquilla viera que todo esto lo hacía por ella. Una sonrisa ladina se dibuja en mi rostro al pensar en mi chiquilla; era tan inocente y tierna que me daban ganas de comerla entera. Recordaba su forma tan inexperta de besarme, pero amaba que lo fuera, amaba que fuera tan inocente porque eso solo significaba que yo sería el único que disfrutaría de las mieles de su amor. Hoy por fin sería mía, completamente mía, y nadie se interpondría ante eso; aunque el mundo se pusiera en contra de nuestro matrimonio, nadie me podría separar de mi chiquilla. Observo cómo mi primo en
Último capítulo