JADE AL-QALA
Pasaron días que se me hicieron eternos, lentos y pesados como el plomo que cae sobre el pecho. El palacio seguía moviéndose con su ritmo habitual, pero para mí todo se había vuelto gris, sin luz ni sentido. No hablaba con Hassan, no lo veía más que de lejos, y nuestras habitaciones seguían separadas como si entre nosotros se hubiera abierto un abismo tan profundo que ningún puente podría cruzarlo.
Lo primero que me consumía la mente era la repentina partida de Malak y Amira. Habí