JADE AL-QALASalgo corriendo del palacio, la gente me mira, pero no me detengo. Si supieran lo que le hice al jeque, me atraparían y me llevarían ante él, y no quiero saber qué castigo me esperaría. Seguramente la horca, pienso, aunque mi conciencia me grita "¡qué exagerada!". El castigo sería cruel por algo tan imperdonable, y más si eres mujer. Solo por huir y deshonrar a mi familia por negarme a esa boda, me esperan diez latigazos.No sé cuánto llevo corriendo, pero cuando me siento segura y sin nadie detrás, me detengo. Intento recuperar el aliento. Debo salir del país lo antes posible. Ahora no solo escapo de mi padre, sino también del jeque. La situación es más difícil, no tengo ropa, dinero ni comida. Me arrepiento de no haber comido en el palacio. Miro al cielo, ya es de noche. Un suspiro cansado escapa de mis labios.—¡Allah, yusaeiduni! *Dios, ayúdame*—susurro.Veo una estrella fugaz, cierro los ojos y pido un milagro, uno que me salve del cruel destino. Una lágrima traicion
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