HASSAN AL-ÁSAD
Regresé al interior del palacio con el corazón golpeándome fuerte, todavía ardiendo de rabia por todo lo que habían dicho, por todo lo que habían pensado. Pero la paz duró muy poco. Apenas entré en mi despacho, las puertas se abrieron de golpe, y entró Salma, mi madre.
Entró hecha una furia, con la cara descompuesta, echando chispas por los ojos, y al verme, empezó a gritar sin ni siquiera cerrar la puerta:
—¡¿Qué es lo que has hecho, Hassan?! ¡Todo el palacio habla de tu locura