HASSAN AL-ÁSAD
Todavía tenía el sabor de sus labios en la boca, y el recuerdo de todo lo que habíamos vivido, del amor que habíamos guardado en silencio durante tanto tiempo, quemándome en el pecho. Mi Sultana estaba sentada en el borde de la cama, las manos entrelazadas sobre su vientre abultado, y vi en sus ojos ese miedo que había estado ahí, escondido, desde que supimos lo que venía. Miedo a las palabras, a las leyes, a las voces que siempre han dicho que solo un varón vale, que solo un hij