El aire de la calle era frío y sucio.
Me sentía una extraña en mi propia piel, como si estuviera caminando en un mundo que no era mío. Había caminado toda la mañana hasta llegar a la camioneta que dejé estacionada cerca de un teléfono público. Subí, la encendí y hui. La camioneta se movía por las calles de la ciudad, como un fantasma en la mañana. El plan estaba en marcha, y mi corazón latía con fuerza. La primera ficha se había movido, y ahora tenía que mover la segunda.
La lista de nombres qu