El caos estalló en mi oficina. Los teléfonos sonaban sin parar, cada timbre un grito de pánico que se sumaba al coro de mi rabia. Hacía años que no presenciaba semejante desorden. La red de puntos rojos, antes estática y controlada, parpadeaba sin control en mi mapa de la ciudad, un virus que se extendía sin que nadie pudiera detenerlo. El orden, mi orden, se desvanecía en el aire como humo, y la fuente de todo este caos era ella.
Avery maldita Fox.
Marcus entró en la oficina, su rostro estaba p