Trabajo y nada más.
MILA
Lucio abandonó el comedor, dejándome a solas con Sasha y la densa estela de tensión que siempre dejaba a su paso.
—Los gustos culposos siempre son los mejores —soltó Sasha con una media sonrisa cargada de un cinismo letal, como si mis pensamientos fueran un libro abierto para ella—. Aunque alimentar esa obsesión puede terminar en tragedia... y no lo digo solo por Lucio.
Enarcó una ceja con ironía, permitiendo que una mueca en sus labios. Sabía que sus palabras llevaban mi nombre grab