Trabajo y nada más.
MILA
Lucio abandonó el comedor, dejándome a solas con Sasha y la densa estela de tensión que siempre dejaba a su paso.
—Los gustos culposos siempre son los mejores —soltó Sasha con una media sonrisa cargada de un cinismo letal, como si mis pensamientos fueran un libro abierto para ella—. Aunque alimentar esa obsesión puede terminar en tragedia... y no lo digo solo por Lucio.
Enarcó una ceja con ironía, permitiendo que una mueca en sus labios. Sabía que sus palabras llevaban mi nombre grabado; era una alerta sobre el incendio que estaba gestándose en mi interior.
—Tú misma lo dijiste: esto es un trabajo. Estar con él es parte de ello y nada más —mentí, concentrándome en los cubiertos para ocultar el rubor que traicionaba la evidencia de mis deseos.
—Aprendes rápido —añadió antes de levantarse con elegancia—. Solo espero que no tropieces con tus propios pasos.
En cuanto se marchó, solté un suspiro que me quemaba el pecho. Mi apetito se esfumó, sustituido por el pavor de sent