Rendición absoluta.
MILA.
Han pasado dos semanas, Catorce días en los que mi vida se ha fracturado en dos realidades irreconciliables, y lo más aterrador es que he aprendido a caminar por ambas sin tropezar.
Mis noches le pertenecen a Lucio. Su cama se ha convertido en mi santuario. Nos devoramos con una sed que no parece saciarse; su cuerpo es una tormenta de músculos y cicatrices que me reclama con una posesión absoluta. Cada vez que me toma contra el escritorio o entre las sábanas de seda, me pierdo en el p