Habían pasado unos días desde aquella noche. No todo estaba resuelto, pero la calma había regresado poco a poco, como una tregua silenciosa entre dos corazones aún heridos.
Iris caminaba con absoluta tranquilidad, como si no supiera el efecto que causaba. Llevaba puesta una bata de satén corta, de un rosa suave que contrastaba deliciosamente con su piel. Con cada paso, el brillo tenue de la tela y el movimiento de sus piernas, creaban un espectáculo. Su cabello caía con suavidad sobre los hombr