Hugo respiró hondo, como si las palabras le quemaran la garganta. Bajó la mirada, luchando por mantener el control, y cuando volvió a alzarla, sus ojos encontraron los de Iris con una mezcla de arrepentimiento.
—Perdóname… —dijo por fin, su voz quebrada, apenas un susurro—. Sé que… sé que con palabras no voy a reparar lo que te hice. Irme así. Sin decir nada. Sin darte ni siquiera una explicación…
Iris apretó los labios, luchando por mantener la compostura, mientras él se acercaba un poco más.