Cuando ambos ya no pudieron más, Hugo dejó un pequeño beso mientras reía sobre sus labios. Iris disfrutaba de aquel sentimiento, verlo feliz a su lado era algo que no tenía precio. La bata blanca de Hugo se empapó, y su rostro quedó cubierto de espuma, al igual que ella.
—Debo volver a retirarme la espuma —anunció Iris.
Dejó caer la toalla, quedándose completamente desnuda, mientras Hugo la observaba entrar a la ducha. Se quedó mirándola, contemplando su cuerpo, sin dar un paso. Iris se deshizo