Sus labios se curvaron en una sonrisa ladeada, como si le divirtiera su resistencia; sin embargo, el brillo acerado en sus ojos desmentía aquel gesto. Seguía igual de terca y altiva, con esa superioridad que él siempre había sabido doblegar… digna de su Luna. Pero, para alguien que jamás había conocido un verdadero igual, aquella insolencia resultaba poco más que una ofensa desagradable.
—¿Te atreves a desafiar a tu rey…? —susurró de forma gélida junto a su oído.
Las garras permanecían hundidas