Los parpados de Serethia se sentían pesados, como si su propio cuerpo intentara impedirle abrir los ojos y recordar. Parpadeó varias veces, aturdida, hasta que el peso de las sábanas y el olor a madera le confirmaron que no estaba donde debía. Por un instante pensó que había soñado todo, incluso su estancia en el mundo humano… hasta que el ardor en su muñeca le devolvió la certeza de que nada había sido una simple pesadilla.
Entonces, como si hubiera armado un rompecabezas, el recuerdo la atrav