Leo se quedó en el pasillo, sin atreverse a ir más allá. Cuando el sonido de los pasos de Alec dejó de escucharse, soltó el aire lentamente y se frotó el rostro con ambas manos, sin estar del todo convencido de que lo que hacían era lo correcto.
Escuchó otra vez pasos y miró hacia el frente, recomponiéndose. Lia reapareció desde la cocina, con un vaso con jugo y una tostada en las manos.
—¿Aceptó venir? —preguntó y le dio un mordisco a la tostada.
Leo asintió sin entusiasmo, antes de confirmarl