Alec sonrió, travieso, y rozó con un dedo la comisura de su boca, tomándose su tiempo, bebiendo de sus suspiros entrecortados. Estaban tan cerca… y sus alientos se mezclaban mientras la música en sus oídos era ahogada por los latidos acelerados de su corazón junto a los de él. Y el deseo, asfixiante e intenso, la empezó a dominar de nuevo, quemándole la piel desde adentro.
Cansada de contenerse, Serethia lo agarró por el cuello y lo atrajo hacia sí, decidida a tomar lo que deseaba, sin un ápic