Kaelvar estaba cortando la carne servida en su plato cuando las puertas del salón se abrieron sin previo aviso. No se molestó en mirar; sabía que solo un ser en todo el reino se atrevería a irrumpir así, sin tener el más mínimo temor a su furia. Llevó el tenedor a su boca con calma, masticando con deliberada lentitud justo cuando tres licántropos atravesaron el umbral: un soldado y dos guerreras Sel’Kaïra.
El soldado y una de las guerreras se arrodillaron de inmediato, inclinando la cabeza en r