Alec respondió al gesto, pero sin la timidez que ella poseía en sus caricias. Sus ojos recorriendo cada facción del rostro de Serethia antes de descender hacia sus labios. Su pulgar trazó lentamente la línea de su mandíbula, bajando hasta la curva de su cuello. Cada roce parecía encender algo más profundo, algo que ninguno de los dos podía controlar.
Era hermosa, dolorosamente.
Serethia cerró los ojos con fuerza, y un estremecimiento involuntario recorrió su cuerpo; sus piernas se movieron con