Alec se inclinó otra vez, estudiándola. Notó cómo su respiración se aceleraba con su cercanía, cómo desviaba otra vez la mirada. Y por un instante, una idea cruzó fugazmente su mente: ¿y si no se trataba solo del olor de una humana?
Pero la apartó de inmediato. No tenía sentido. Ella no mostraba signos de lo que él pensaba. Ella jamás podría mostrarlos porque nunca sentiría algo hacia él.
—Sí… tenemos algunos asuntos que atender—dijo al final, apartándose un paso, aunque sus ojos siguieron fijo