Alec mentía. Lo sabía. Lo sentía en el aire, en la forma en que sus palabras, su tono, eran tan diferentes. Y sentía la necesidad de arreglarlo, aunque no supiera cómo. Entonces, dejándose llevar, dio un paso hacia él, con cuidado y el corazón latiéndole apresuradamente.
—No es cierto… Estás enojado… dolido, puedo olerlo.
Se hizo un silencio incómodo, y Alec bajó la mirada, como si buscara algo en suelo.
—Genial, tus súper sentidos otra vez… —murmuró, dejando escapar una risa breve, sin humor,