El ardor se volvió insoportable, despertando algo más profundo que el dolor: un deseo primario que la empujaba a moverse, a buscarlo, a desgarrar todo a su paso si era necesario.
Entonces, sus ojos finalmente lo vieron. El humano que la lastimaba con solo tocarla. Una voz, un eco casi inexistente, le decía que debía alejarse, que ese contacto era corrosivo, veneno ardiente… pero el llamado del rey Alfa la estaba destrozando. Su reclamo era tan poderoso que la había arrastrado a un celo como for