Unos hombres vestidos de blanco se acercaron, atravesando la multitud. Cuando uno de ellos extendió la mano hacia Alec, Serethia se irguió, con la intención de apartarlos.
—No me harán daño —dijo Alec, adivinando las intenciones de la chica—. Me llevaran con… sanadores
Cuando lo subieron en la ambulancia, Serethia se sentó cerca, sin dejar de observarlo, como si temiera que aún el golpe pudiera matarlo. Pero Alec quería escapar de esos ojos. No quería mirarla, no después de haberla visto llora