Las paredes de mi habitación parecían cerrarse, como si la presión de toda la manada, de las alianzas, y de ese juego peligroso que nos envolvía, se condensara en ese espacio pequeño donde solo yo y mis demonios podíamos estar. La verdad era que nada estaba bajo control. Ni Aiden, ni yo, ni esa promesa imposible de un nosotros que parecía más un sueño roto.
La tensión política se sentía en cada esquina del clan. Cada alianza, cada trato, cada mirada calculada podía cambiar el equilibrio de pode