El anciano del consejo me esperaba en la penumbra de la sala de reuniones, su mirada fija en mí con una mezcla de pesar y gravedad que me hizo retroceder sin querer. Sus arrugas parecían talladas por el peso de mil secretos y la autoridad que impone la edad. Cuando me llamó por mi nombre, un nudo se formó en mi garganta, una mezcla de miedo y curiosidad que no podía ignorar.
—Luna —dijo con voz firme, pero no sin cierta ternura—, hay algo que debes saber. Algo que tu sangre ha llevado en silenc