No puedo dormir.
Otra vez.
Llevo horas dando vueltas en la cama, como si las sábanas estuvieran hechas de espinas y cada movimiento fuera un castigo por lo que hice. O mejor dicho, por lo que sentí. Porque eso fue lo más grave de todo.
Sentí.
Siento.
El beso… ese maldito beso que me robó el aire, la calma y algo más que no sé cómo nombrar, sigue tatuado en mi memoria como una marca invisible, quemando cada pensamiento que intento usar para olvidarlo. No fue solo un roce de labios ni una descarg