Los rumores vuelan más rápido que el viento entre las copas de los árboles. No hay rincón en los clanes vecinos donde no se susurre mi nombre con mezcla de curiosidad y miedo. Luna, la omega blanca, la loba que no debería existir. La loba que rompió las reglas antes siquiera de conocerlas.
Y claro, los mensajeros no tardaron en llegar.
Desde el amanecer, nuestra aldea estuvo invadida por miradas que no reconocía, ojos de extraños que calculaban, juzgaban, temían. Traían regalos, pero no eran de