El valle seguía vibrando con el eco del mapa que Kaelthar sostenía entre las manos.
El círculo rojo —enorme, palpitante, monstruoso— avanzaba hacia la manada de Luna Quebrada como una herida abierta que no dejaba de sangrar.
Lyra dio un paso adelante, con el rostro endurecido.
—Valle… —su voz tembló, pero no de miedo—.
¿De qué sirve haber superado la primera parte del juicio si no podemos ayudar a quienes nos necesitan ahora?
La niebla se agitó, como si esas palabras la hirieran.
“El juicio con