El bosque seguía temblando por el grito que Lucian había dejado escapar.
Lyra aún lo sostenía, rodeándolo con los brazos como si pudiera evitar que se desmoronara.
Kaelthar permanecía a su lado, tenso, con los colmillos expuestos, vigilando cada sombra.
Aun no sabía qué pensar de su hermano, si valía o no salvarlo.
Eso no cambiaría su determinación de librar a este mundo del sufrimiento que provocaba la infección de El Quebrantador, su arma más efectiva, La Cadena Roja.
Y su más fiel servidor: