Cuando la explosión de luz disminuyó, Lyra pudo ver una serie de vacíos como espejos que se formaban en fila a la izquierda y a la derecha del sendero, como heraldos vigilantes de una historia jamás contada.
Cada uno pulsaba con un brillo tenue, como si respiraran, como si esperaran ser tocados por la memoria.
Kaelys, a su lado, parecía un manojo de miedo y rencor. Sus hombros temblaban, y los hilos de plata que caían de sus ojos brillaban como heridas abiertas que jamás habían terminado de cer