En el campo de batalla del valle entre mundos, el humo rojo se debilitaba con cada minuto que pasaba lejos de su amo.
La esencia del Quebrantador, arrancada de su cuerpo por la fuerza del destino, se deshacía como un corazón sin latido, como un espíritu que había perdido su hogar.
Selira lo observó con una sonrisa torcida, una que destilaba triunfo, crueldad y una satisfacción casi enfermiza.
Dos menos, pensó, recordando con deleite cómo la tierra había devorado a Lyra ante sus ojos.
No sabía s