La mansión Volkov había cambiado desde el regreso de Kaeli del Templo del Linaje. Los pasillos ya no la ignoraban. Las criadas que antes la evitaban ahora bajaban la mirada al cruzarse con ella, y los símbolos lunares que decoraban las paredes parecían brillar con más intensidad cuando ella pasaba.
Pero Elara no había desaparecido.
Al contrario, se había vuelto más silenciosa, más estratégica. Ya no lanzaba insultos directos ni provocaciones evidentes. Ahora se movía como humo: presente, pero d