La luna se mantenía alta, pero el aire en la mansión Volkov era distinto.
Por primera vez en semanas, no vibraba con urgencia ni presagios. Vibraba con presencia. Con pasos compartidos. Con voces que no traían advertencias, sino recuerdos.
Kaeli despertó en la habitación del ala oeste.
La misma que había pertenecido a los Alfas anteriores.
Pero esta vez, no estaba sola.
Daryan dormía a su lado, con el brazo sobre su cintura y el rostro relajado. La marca en su cuello brillaba con una luz tenue,