El beso había terminado, pero su efecto aún vibraba en el aire.
Kaeli permanecía frente a Daryan, con los labios entreabiertos y el pulso acelerado. No era solo deseo. Era reconocimiento. Era memoria. Era algo que había estado dormido en ambos… y que ahora despertaba con fuerza.
Daryan la miraba como si la viera por primera vez. No como heredera. No como amenaza. Como ella.
—No sé si esto nos salva —dijo él, con voz baja—. Pero me hace sentir que aún hay algo que vale la pena proteger.
Kaeli ba