La mansión Volkov amaneció con un aire distinto. Las nubes se aferraban al cielo como si no quisieran dejar pasar la luz, y los lobos guardianes se mantenían inquietos, olfateando el viento con desconfianza. Algo se movía entre los muros. Algo que no era visible… pero que todos sentían.
Kaeli había regresado del bosque de Elaren con el colgante Kalei brillando más que nunca. Su mirada era firme, su paso seguro, pero dentro de ella, el fuego crecía sin forma. No era rabia. No era tristeza. Era a