La mansión Volkov no dormía.
Aunque los pasillos estaban en penumbra, las sombras se movían con vida propia. Criadas susurraban entre sí, los lobos guardianes se mantenían inquietos, y los espejos encantados vibraban con imágenes que nadie había invocado.
En el Salón de los Ecos, los ancianos se reunían en privado. Varek hablaba en voz baja con Maelis y Nerissa, mientras Lyara se mantenía de pie, con los brazos cruzados y el rostro tenso.
—Kaeli ha despertado algo que no podemos ignorar —dijo M