La mansión estaba en calma, pero no en paz.
Kaeli caminaba por el corredor de los vitrales, donde la luz de la luna se filtraba en fragmentos irregulares. Cada paso resonaba como un eco contenido. El colgante Kalei ardía contra su pecho, como si quisiera advertirle de algo. O empujarla hacia ello.
Al girar en la esquina del pasillo, se detuvo.
Frente a ella, en el salón de los espejos, estaban Daryan y Selene.
Solos.
Él hablaba en voz baja, con el rostro más relajado que Kaeli había visto en se